Me fascinan las tormentas. Esos días de verano calurosos, en los que parece como si nada pudiese mitigar el sofocón… De pronto, como salidas de detrás de los árboles, se forman enormes nubes espesas y negras que avanzan rápidamente sobre tu cabeza, poco a poco van escondiendo el sol de media tarde y, en nada dejan la tarde como oculta bajo un paraguas. Unos minutos de duda… y empieza el baile. Primero truenos lejanos, cada vez más sonoros, luego, algún rayo en la distancia, una ligera brisa, y poco a poco, el fuerte olor del ozono (como si fuese tierra húmeda) que entra por todos los lados. El calor sofocante medio desaparece mientras un cierto fresco anuncia lo que viene. El cielo se espesa aun más y parece que empieza a anochecer. Primeras gotas. Parecen tímidas, pero son gordas, y dejan en el suelo manchas del tamaño de pelotas de golf. Luego, sin avisar, un fogonazo. Dios, ya está aquí! Unos segundos y… un crujido que hace pensar que algo se ha roto ahí arriba. Y a continuación una tremenda manta de agua cae descontroladamente sin avisar, mientras se repiten los fogonazos y los chasquidos del cielo. La piel caliente humea cuando se moja por la lluvia, la ropa, empapada, más estorba que protege. Pero da igual. La sensación de vida es espectacular. jueves, 6 de noviembre de 2008
Cuando el cielo cobra vida
Me fascinan las tormentas. Esos días de verano calurosos, en los que parece como si nada pudiese mitigar el sofocón… De pronto, como salidas de detrás de los árboles, se forman enormes nubes espesas y negras que avanzan rápidamente sobre tu cabeza, poco a poco van escondiendo el sol de media tarde y, en nada dejan la tarde como oculta bajo un paraguas. Unos minutos de duda… y empieza el baile. Primero truenos lejanos, cada vez más sonoros, luego, algún rayo en la distancia, una ligera brisa, y poco a poco, el fuerte olor del ozono (como si fuese tierra húmeda) que entra por todos los lados. El calor sofocante medio desaparece mientras un cierto fresco anuncia lo que viene. El cielo se espesa aun más y parece que empieza a anochecer. Primeras gotas. Parecen tímidas, pero son gordas, y dejan en el suelo manchas del tamaño de pelotas de golf. Luego, sin avisar, un fogonazo. Dios, ya está aquí! Unos segundos y… un crujido que hace pensar que algo se ha roto ahí arriba. Y a continuación una tremenda manta de agua cae descontroladamente sin avisar, mientras se repiten los fogonazos y los chasquidos del cielo. La piel caliente humea cuando se moja por la lluvia, la ropa, empapada, más estorba que protege. Pero da igual. La sensación de vida es espectacular. miércoles, 5 de noviembre de 2008
Nuestras cosas
Hasta ahora he hecho referencia a mis amigos, pero no me he parado a reflexionar qué me transmite cada uno. Qué feeling tengo con ellos. Y me apetece hacerlo.
La verdad es que somos un grupo bastante heterogéneo: no se muy bien cómo hemos conseguido formar un grupo estable con componentes tan diferentes: si hablamos de profesiones, tenemos abogados, ingenieros, geógrafos, masajistas, diseñadores gráficos, … nada que ver. Si hablamos de aficiones, quizá el deporte es lo que (más en el pasado que ahora) nos ha unido. Esos partidillos de basket 3x3 o 4x4… qué recuerdos. Pero además de esto, tan sólo las ganas de montar fiestas nos han hecho converger como amigos. Porque, si no, a nadie se le ocurriría juntar en un grupo a un multideportista borrachuzo como Vi----, un cinéfilo como Al--, un playboy como Fe-, un alienígena como Ca------, un tío raro de narices como yo, un integrista emocional como Ma--, un tipo serio y cabal como Ca----, una mente desestructurada como la de Pa---, etc. Si es que no hay por donde agarrarnos. De hecho, creo que entre nosotros hemos optado por aceptarnos como somos y disfrutar de las excentricidades de cada uno, que seguro aportan algo al grupo. Que Ma—se presenta en la piscina un día con bigote a lo Tachenko, pues vale; que Ca------ aparece borracho perdido un día a las tantas de la madrugada en bañador y chanclas montando una bici con el manillar roto, pues venga; que Pa--- nos cuenta un día que se ha arreglado una grieta en una de las lentes de sus gafas con cinta aislante y se extrañaba de que las tías le iraban raro en la biblioteca, pues lo aceptamos. Qué más da. Somos así y ya está. Anda que no hemos contado veces las historias de Lu--- escapándose de casa con 16, en pijama, con la mochila al hombro, y, con la complicidad del portero de su casa, cambiándose de ropa en su garita y volviendo a casa ya de día y borracho perdido. Y como esta, tantas historias que nos definen a cada uno de manera unívoca. Nada sería igual si no pudiésemos recordar esas cenas con parrillada y doble de Brugal en casa de los Ma-----, con las actuaciones estelares de Ca------ Caparrós extra empanado, ese fino encaje de golpes de Fe----, la camisa de flores de Ca----, los puntillos de Da---, mis despedidas a la francesa, los desploming delante de sus padres de Lu---, las puertas dobles que aparecían en mi casa, los baños en pelotas a las mil de la madrugada, los tropezones de Pa---, ... Son nuestras cosas. Y son cosas que no deben olvidarse. Porque durante muchos años han creado un universo de recuerdos en los cuales todos tenemos nuestro personaje y, aunque no queramos recordarlos, siempre perviviremos en la mente de quienes los vivimos.
La verdad es que somos un grupo bastante heterogéneo: no se muy bien cómo hemos conseguido formar un grupo estable con componentes tan diferentes: si hablamos de profesiones, tenemos abogados, ingenieros, geógrafos, masajistas, diseñadores gráficos, … nada que ver. Si hablamos de aficiones, quizá el deporte es lo que (más en el pasado que ahora) nos ha unido. Esos partidillos de basket 3x3 o 4x4… qué recuerdos. Pero además de esto, tan sólo las ganas de montar fiestas nos han hecho converger como amigos. Porque, si no, a nadie se le ocurriría juntar en un grupo a un multideportista borrachuzo como Vi----, un cinéfilo como Al--, un playboy como Fe-, un alienígena como Ca------, un tío raro de narices como yo, un integrista emocional como Ma--, un tipo serio y cabal como Ca----, una mente desestructurada como la de Pa---, etc. Si es que no hay por donde agarrarnos. De hecho, creo que entre nosotros hemos optado por aceptarnos como somos y disfrutar de las excentricidades de cada uno, que seguro aportan algo al grupo. Que Ma—se presenta en la piscina un día con bigote a lo Tachenko, pues vale; que Ca------ aparece borracho perdido un día a las tantas de la madrugada en bañador y chanclas montando una bici con el manillar roto, pues venga; que Pa--- nos cuenta un día que se ha arreglado una grieta en una de las lentes de sus gafas con cinta aislante y se extrañaba de que las tías le iraban raro en la biblioteca, pues lo aceptamos. Qué más da. Somos así y ya está. Anda que no hemos contado veces las historias de Lu--- escapándose de casa con 16, en pijama, con la mochila al hombro, y, con la complicidad del portero de su casa, cambiándose de ropa en su garita y volviendo a casa ya de día y borracho perdido. Y como esta, tantas historias que nos definen a cada uno de manera unívoca. Nada sería igual si no pudiésemos recordar esas cenas con parrillada y doble de Brugal en casa de los Ma-----, con las actuaciones estelares de Ca------ Caparrós extra empanado, ese fino encaje de golpes de Fe----, la camisa de flores de Ca----, los puntillos de Da---, mis despedidas a la francesa, los desploming delante de sus padres de Lu---, las puertas dobles que aparecían en mi casa, los baños en pelotas a las mil de la madrugada, los tropezones de Pa---, ... Son nuestras cosas. Y son cosas que no deben olvidarse. Porque durante muchos años han creado un universo de recuerdos en los cuales todos tenemos nuestro personaje y, aunque no queramos recordarlos, siempre perviviremos en la mente de quienes los vivimos.
martes, 4 de noviembre de 2008
La clase media en peligro de extinción
Laboralmente, creo que nos esperan unos meses (aproximadamente quince) complicados. Hemos entrado en una dinámica insana de paro alimentada por crisis de crédito y bajada del consumo. La economía, para bien y para mal, tiene inercia. Y ésta, cuando es para mal, es muy puñetera. Ahora mismo España está en caída libre. Y la duda que me queda es hasta qué punto nuestra situación económica está correlada con la crisis mundial. Esto es, ¿es posible augurar que un relanzamiento de la economía mundial se vería acompañado en la misma medida de un relanzamiento de la economía española? Yo creo que no.
Creo que nuestra economía es diferente. Más compleja y, sobre todo, más difícil de levantar. Sin querer remontarme muy atrás, creo que en España vivimos muy por encima de nuestras posibilidades reales. Durante veintipico años hemos alimentado nuestras ansias de libertad y prosperidad a base de consumo puro y duro, sostenido sobre una base que apesta a cemento, grasa de taller y sombrilla playera. Y eso no es progreso. Sin un tejido industrial sólido, sin una cultura de inversión en I+D, sin una red de transporte de mercancías competitiva… ¿hacia donde vamos? Pues hacia una recesión profunda, hacia una destrucción del empleo sin precedentes. Creo que no me arriesgo mucho al predecir que volveremos a ver esas tasas de paro del 20% en no más de 4 o 5 meses (ojalá me equivoque).
Toda la gente que se está quedando en la calle del sector de la construcción o de las cadenas de montaje, ¿dónde va a ir? Es gente sin estudios en la mayoría de los casos, o que, pese a tenerlos, ha orientado su vida profesional hacia el ladrillo o la tuerca, y ahora, en un entorno de fuerte competitividad laboral , está perdida. No se, el otro día veía por la tele imágenes de la España de finales de los 70 y me daba grima: era como ver la actual Rumanía o Armenia. Inmensas colas de gente pobre a dolor esperando para acceder a servicios sociales básicos. En España, hemos pasado de eso a irnos de vacaciones a Egipto, conducir todoterrenos y comprarnos un chalet con hipotecón a 40 años… en un par de décadas. Y eso… no hay economía que lo sostenga. Y menos la española. El año 2009 va a ser muy malo.
Y es que actualmente la economía española no tiene cimientos. Los que hasta este año tenía, eran de papel, y cuando ha llegado un soplo del exterior, se ha venido abajo todo. Lo peor, que la gran clase media que se ha creado en los últimos 20 años se va a ver mermada seriamente.
Lamento no ser optimista, pero es que lo veo todo muy mal. Países como Francia, Reino Unido o Alemania tienen industria de sobra para tirar hacia adelante, y sus habitantes saben de sobra cual es su posición real en la pirámide social. En España ahora mismo, pocos saben qué lugar ocuparán los próximos años (o meses).
El negocio del miedo
Creo que en estos últimos meses de turbulencias financieras existe gente que ha fijado como modelo de negocio algo con lo que no estoy muy de acuerdo: el miedo. Vaya, y soy yo quien dice esto. Una persona que vive pegada a diarios pseusosensacionalistas de toda índole (económica, deportiva, cultural, etc.). Es cierto. Por más que comento con compañeros de trabajo y amigos las últimas noticias económicas, el regusto que me queda al final es que, en términos generales, la gente pasa bastante de si se hunde el Nasdaq o si Goldman Sachs rebaja el precio objetivo de Inditex un 30%. Entonces, ¿por qué a mí me preocupa tanto? ¿Soy yo el que me agobio innecesariamente o existe demasiada pasividad a mi alrededor? Creo que sólo cuando hace unas semanas en primera plana de todos los diarios salió la noticia de que el Estado holandés inyectaba liquidez a ING Group y como subtítulo de las noticias, se aseguraba que ING Direct no pasaba por problemas, fue cuando uno de mis compañeros se preocupó mínimamente del tema, y eso que todos sus ahorros los tenía en dicho banco. Pero aun así, tampoco estaba muy preocupado, porque tardó en leerse la noticia tres días… Lo mismo me pasa con mis padres. Con el tema de Lehman Brothers, no dejo de insistirles que revisen sus inversiones y la de otros familiares (aún menos preocupados por estos temas). Pero da igual. Como si a Homer Simpson le pides que te demuestre la Ley de Faraday.Ahora bien, para todos los que sí nos preocupamos de estos temas, y vuelvo al tema inicial, creo que existen intereses sospechosos de infundir un estado de terror colectivo que puede hacer a algunos ganar mucha pasta. No se cómo, pero me lo huelo. Y es que una vez que uno se introduce en el mundillo de la información financiera, se da cuenta de que la economía es más previsible de lo que parece, aunque en determinados momentos, determinados giros informativos dejan a uno fuera de juego, preguntándose si realmente entiende la realidad o si son noticias sin fundamento de oscuras intenciones.
Quizá no sea este el momento de intentar trepar por tan escarpados cerros, pero yo creo que con el miedo hay gente que se forra. Las noticias de quiebras de empresas, de malos resultados de empresas, de predicciones catastróficas, etc. pienso que sostienen modelos de negocio macabros pero rentables. Y es posible que los peores clientes sean los que pasan de analizar la realidad.
Esa espinita clavada en el corazón
Dicen que el primer amor marca el resto de tu vida. Yo no se si Lo-- fué mi primer amor. Lo que sí sé es que fue la primera tía a por la que me lancé a cuchillo, por lo que no tengo ni idea de si su marca es la que se refiere el dicho. Pero que me marcó, está claro. Ese verano de COU, juerga tras juerga, vida desenfadada, derroche de tiempo, todo a nuestro alcance… Y apareció ella. Esos ojos azules, esa melena rubia, esas peras descomunales… No sé si fue su apariencia o mis hormonas, o las dos cosas mezcladas las que me hicieron tatuármela en el cerebro. Pero no podía dejar de pensar en ella. Deseaba que llegase cualquier momento para salir de noche y encontrármela (era imposible no hacerlo en un pueblo tan pequeño) para continuar con mi labor de minería sentimental. Ahora creo que, conociendo cómo me ven mis amigos, alucinarían con mi actitud, nada disimulada, por otro lado. Pero supongo que entonces me daba igual. Sólo la quería a ella. También recuerdo aquel día con Al--, cuando me recomendó que pasase de ella, que no valía la pena. Madre mía, estaba obcecado…
Ahora, viendo aquel verano desde la distancia, no puedo decir que me alegre que no ocurriese nada (un lío con ella desde luego que lo firmaría ahora) pero creo que en el fondo salí ganando. El tiempo me ha demostrado que ella y yo somos incompatibles, y cuanto más la conozco, más me convenzo. Es más, se a ciencia cierta que si hubiésemos llegado a algo, habría sido un estrepitoso fracaso. Yo, en aquel momento, con la inocencia que siempre me ha caracterizado (y creo que me sigue caracterizando) buscaba una novia formal, seria. Sin tonterías. Yo ahora se que ella… era de otra manera. Me alegro de que todo quedase como está ahora. Amigos, más o menos cercanos, pero amigos. Miedo me da pensar que la frivolidad que el tiempo me ha mostrado que la ha caracterizado siempre, me hubiese herido. Y miedo me da el pensar también el juego que ella siempre me ha ofrecido y que, quizá más por inocencia que por recelo, yo siempre he rechazado. Aún recuerdo cuando me insinuó acercarme más y yo… jajaja, dije que no, y me quedé enfrente de ella. La cara que se la quedó. Pobre… ¿Será por eso que nunca más volvimos a quedar para ir a ningún lado? ¿Quizá ella se tomó aquello como una ofensa y temió que yo jugase a algún otro juego? No lo sé. Me gustaría hablarlo con ella, pero, conociéndola, no la veo agachando las orejas y vomitando sus sentimientos de tantos años. Sólo sé que yo con ella siempre he ido de frente, con sinceridad. Y eso me hace sentir bien.
Últimamente me he enterado (no importa cómo) de que se va a casar. No se si compadecer al novio o felicitarle. Hombre, es extraño que ella siempre dijo que era de relaciones largas y estables, y el último novio serio que tuvo lo dejó hace algo más de un año y medio. No quiero pensar mal. Pero, me huele que… no es sólo el amor lo que la ha convencido. El tiempo dirá. Quien sabe, igual dentro de N años ella y yo estamos juntos. Por primera vez. Porque, yo creo que en cierta medida, conmigo ella también tiene una espina clavada.
Ahora, viendo aquel verano desde la distancia, no puedo decir que me alegre que no ocurriese nada (un lío con ella desde luego que lo firmaría ahora) pero creo que en el fondo salí ganando. El tiempo me ha demostrado que ella y yo somos incompatibles, y cuanto más la conozco, más me convenzo. Es más, se a ciencia cierta que si hubiésemos llegado a algo, habría sido un estrepitoso fracaso. Yo, en aquel momento, con la inocencia que siempre me ha caracterizado (y creo que me sigue caracterizando) buscaba una novia formal, seria. Sin tonterías. Yo ahora se que ella… era de otra manera. Me alegro de que todo quedase como está ahora. Amigos, más o menos cercanos, pero amigos. Miedo me da pensar que la frivolidad que el tiempo me ha mostrado que la ha caracterizado siempre, me hubiese herido. Y miedo me da el pensar también el juego que ella siempre me ha ofrecido y que, quizá más por inocencia que por recelo, yo siempre he rechazado. Aún recuerdo cuando me insinuó acercarme más y yo… jajaja, dije que no, y me quedé enfrente de ella. La cara que se la quedó. Pobre… ¿Será por eso que nunca más volvimos a quedar para ir a ningún lado? ¿Quizá ella se tomó aquello como una ofensa y temió que yo jugase a algún otro juego? No lo sé. Me gustaría hablarlo con ella, pero, conociéndola, no la veo agachando las orejas y vomitando sus sentimientos de tantos años. Sólo sé que yo con ella siempre he ido de frente, con sinceridad. Y eso me hace sentir bien.
Últimamente me he enterado (no importa cómo) de que se va a casar. No se si compadecer al novio o felicitarle. Hombre, es extraño que ella siempre dijo que era de relaciones largas y estables, y el último novio serio que tuvo lo dejó hace algo más de un año y medio. No quiero pensar mal. Pero, me huele que… no es sólo el amor lo que la ha convencido. El tiempo dirá. Quien sabe, igual dentro de N años ella y yo estamos juntos. Por primera vez. Porque, yo creo que en cierta medida, conmigo ella también tiene una espina clavada.
lunes, 3 de noviembre de 2008
Ya queda menos
Tengo ganas de volver a verlos. Son ya muchos años juntos. Cada vez nos vemos menos, pero noto que cada vez estamos más unidos. El trabajo, las novias (algunas ya mujeres), las circunstancias… Son demasiados factores que pese a todo no son suficientes como para separarnos definitivamente. Y en Navidad, pese a las inevitables bajas, siempre estamos ahí. Me da miedo pensar que sea la propia vida la que algún día merme tan esperada reunión. No quiero pensar en ello. Somos inmortales. Y el día que dejemos de serlo, no sé que pasará. Todo ha sido perfecto hasta ahora. Y no quiero que cambie nada. Los necesito. No sé si ellos a mí también (estoy seguro de que en muchos casos sí), pero yo a ellos sí. Han sido la escuela que me ha introducido en la vida. Y sigo manteniendo un cordón umbilical con ellos que me mantiene en permanente actualización. Mi familia es otro tipo de educación, de cariño, de afecto. También necesario. Pero mis amigos, los Ta-----, son todo lo que no me da mi familia y mi novia. Sé que sin ellos estaría perdido en la selva. Ya queda menos.
Aquella aventura de verano
Éramos tan jóvenes… ¿16 o 17 años de media? Pero nos creíamos invencibles, intocables. Verano, vacaciones, tiempo libre, amigos, un entorno perfecto. Y la cafetería era… un objetivo demasiado apetitoso. Helados, bebidas, patatas, … No lo necesitábamos conseguir así, pero… el riesgo nos llamaba. Una fiesta, la noche encubridora, hormonas desbordadas, el plan bien trazado… La anterior incursión fue accidental pero, sin planificarla, salió fetén. La terraza cómplice, la ventana, el único escollo, el culo de Lu--- un imprevisto, la caída de Al--… pudo ser la gran cagada. Dios mío… en realidad fue una inconsciencia. Dejar la ventana en casa de A-- tantos días, la tienda de campaña… nos delataba, y encima, lo de la cámara de los helados, … Ahora, tiempo después, me da miedo pensar qué nos habría pasado si nos hubiesen pillado. Beneficio 1, riesgo 1000. Al mismo tiempo veo que obviamente nadie denunció nada y nadie investigó nada, ya que hasta un ciego habría sabido lo que pasó esa noche. Quizá eso alimentó nuestro ego y nos hizo creer que éramos aun más invencibles. Pero ya da igual. Echamos la carnaza al monstruo que llevábamos dentro y lo dejamos satisfecho… durante un tiempo. Ello nos formó… no se de qué manera, pero no podemos negar que parte de lo que somos en cierta medida quedó condicionado por aquello. Bien por orgullo, bien por culpabilidad, bien por alegría, bien por tristeza. Y nos unió, nos dio cohesión como grupo. Yo me quedo con esto.
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