
El otro día leía una opinión en un foro, de alguien que, de manera velada dejaba caer que, en la última tormenta financiera que se llevó por delante bancos y aseguradoras, la extraña “no intervención” del gobierno americano sobre Lehman Brothers no había sido una casualidad. Vamos, que lo dejaron caer a posta.
Desde hace mucho tiempo, soy un furibundo investigador del Club Bilderberg. Hay algo en este grupo que me huele mal. Intento leer todo lo que puedo sobre él, por supuesto filtrando las opiniones personales de los comentarios, para quedarme con datos objetivos. Realmente, cuanto más leo sobre ellos, más preocupado me siento.
Entre tantas teorías que pululan alrededor de este selecto club, hay una que defiende una pequeña parte de quien los critica, que quizá es la que más me encaja. En resumen, esta teoría, que, si bien no existe como tal, pero yo sí quiero modelar y establecer, es la de que el objetivo último de este grupo es crear una sociedad económicamente bipolarizada y controlada en tamaño. Esto es: su objetivo de sociedad mundial sería aquella formada por un grupo pequeño de ricos, muy ricos, y otro grupo muy grande de pobres. Los ricos controlarían todo: dinero, industria, recursos, etc. y los pobres se conformarían con vivir como los “esclavos” de los ricos. En el fondo se podría definir como un sistema comunista a nivel mundial en el cual gobiernan un pequeño grupo de superpoderosos y el resto sería una clase obrera que nunca podría escalar al grupo de los ricos. De esta manera, los gobernantes podrían repartirse la riqueza y controlar la vida de sus “esclavos”.
Cuando hace varias semanas se desencadenó la tormenta financiera, uno, con la mosca detrás de la oreja, ya barruntaba que era el momento de buscar la muesca en la bala que enlazase semejante casquetazo económico con el famoso club. Pero entre tanto anuncio de malos resultados, rescates bancarios, inyecciones de liquidez, etc. parecía imposible encontrar algo que sonase raro. Pero ete aquí que derrepente, se anuncia que a Lehman Brothers, el Bank of America le dice que nones y que no sale a su rescate. ¿Por qué no? ¿Por qué se rescata a Bearn Sterns, Fannie Mae, Freddie Mac, Merril Lynch y no a Lehman Br.? Sin entrar en datos de facturación y demás, después de mucho investigar, veo que el no rescate de esta entidad es un golpe muy sibilino a un montón de inversores medianos y pequeños que tenían confiados muchos de sus ahorros de toda la vida en productos seguros: bonos. Pongámonos en el pellejo de un gobernante honesto y cabal: “hombre, si no rescatamos a una entidad como L. B., el impacto, además de a los accionistas, iría directamente a la zona de flotación de … la clase media”. Ahí está el anzuelo. Bancos como L. B. son las huchas de millones de personas de todo el mundo que si hay una cosa que temen es a perder su dinero, pero, fundamentalmente, porque no tienen mucho. Los ricos diversifican, y es imposible que el mayor crash bursatil jamás visto les mande a la indigencia. Pero al pequeño ahorrador, si se le da un golpe se le deja muy tocado. Y esto lo sabían. Por supuesto que lo sabían. Pero, ¿por qué no hicieron nada?
Bajo mi punto de vista, no se hizo nada porque quien podía hacerlo decidió que era mejor dejarle hundirse. Por intereses propios, gubernamentales, de poderes fácticos o de quien fuere.
Y aquí es donde enlazo con el club Bilderberg. Obviamente, el tipo de sociedad que este grupo persigue es complicado establecer de la noche a la mañana. Quien más quien menos hoy día tiene un patrimonio y más o menos riqueza que le permite situarse en la pirámide de la sociedad con más o menos holgura. Sin embargo, este tipo de golpes, con seguridad hacen a muchas personas bajarse uno o varios escalones en la pirámide. Un disparo silencioso. Muchos heridos. Porque, si una cosa ha quedado clara, es que a la gente de este club con toda seguridad este bombazo no les ha levantado ni las perneras de los pantalones.
¿Y por qué esta gente se querría dedicar a establecer este esquema social? ¿Por diversión? No. Por necesidad. Por la necesidad de querer mantener su estatus socioeconómico más allá de los devaneos del mundo. Desde hace ya unos cuantos años se realizan estudios que tratan de calcular cuánto tiempo le queda al mundo antes de colapsarse, es decir, de no disponer de los recursos suficientes como para autoabastecerse: recursos energéticos, alimenticios, sanitarios, etc. El desproporcionado crecimiento de continentes como África o Asia van generando flujos migratorios formados por personas que, antes de ver morir de hambre a sus familias, emigran a otros lugares aun a riesgo de morir de hambre, de frío, ahogados en el mar, etc. Pero en muchos casos su huida no es más que una ralentización de la agonía, porque a donde van no les pueden ofrecer mucho más de lo que ya tienen, y además su desesperación les convierte en torrentes metastásicos capaces de trasladar sus problemas a otros países y continentes. Los desbordados servicios sociales de multitud de países del sur de Europa ya está al límite de sus posibilidades pero aún así cada vez reciben más personas que llegan de otros lugares donde ni siquiera saben lo que es la solidaridad. Y esto, obviamente, a medio plazo amenaza con desestabilizar el orden social de Occidente (y por ende, la situación de privilegio socioeconómico de este grupo de poderosos), el cual no cuenta con recursos ilimitados para mantener a todo el planeta. Pues bien, este desorden ya hace tiempo que lo vienen estudiando desde este club, y está manos a la obra para tratar de controlarlo.
Y las líneas de actuación se reducen principalmente a dos: ahogar a la clase media occidental hasta que se convierta en clase baja, lo cual reduciría drásticamente el consumo, y limitación de la población mundial, siendo los países en vías de desarrollo su objetivo. La primera vía tiene como objetivo adaptar los recursos demandados por el cada vez más pujante consumo de las clases medias a la producción sostenible, y la segunda conseguir que no se desborde la población mundial, lo cual en el fondo se traduciría en una excesiva demanda de recursos.
Para conseguir el primer objetivo, las crisis económicas, las recesiones, las altas tasas de paro, las quiebras de empresas, etc. son el medio normal de actuación. Para el segundo, es más complicado anticipar qué medidas se pueden tomar, pero da miedo pensar en cualquiera de ellas.
Sé que son relaciones arriesgadas y aparentemente novelescas, pero para quien haya leído este post, le invito a que desde este momento, indague la prensa económica los próximos años sin borrar de su mente lo antes expuesto. Puede que entre líneas descubra una realidad mucho más compleja de lo que los medios cuentan.