martes, 25 de noviembre de 2008

Oscuridad

El aire se espesa cuando él está cerca. El tiempo pasa despacio, desesperádamente despacio. Cada segundo es una victoria. Cada ruido, una herida. La dignidad por los suelos. La supervivencia, una proeza. El alma desea huir de su cárcel alejarse de tan cruel verdugo, abandonando a su suerte un cuerpo inerte e insensible que soporte tanto dolor. Un dolor que por lo menos sería silencioso. Los sentidos pierden su privilegiado estado de paz para ponerse a las órdenes de un corazón en guardia, que no espera ya otra cosa que ser vapuleado. De nuevo. Sin piedad. Y pasará otro día. Y nada cambiará.

viernes, 14 de noviembre de 2008

El tercer tiempo

He leído en las páginas de un diario deportivo que el portero de hockey sobre hielo, Robert Müller, internacional con la selección alemana, ha declarado que, a pesar de que los médicos le han dado menos de siete semanas de vida, su única prioridad ahora mismo es entrenar con su equipo para el inicio de la liga, a finales de Noviembre.
Me he quedado tan frío que no sé cómo interpretar su decisión. ¿Qué puede estar pasando por su cabeza ahora mismo? Al parecer su calidad de vida es muy buena y si no fuese porque los médicos le han hecho ese diagnóstico, no notaría que está gravemente enfermo.
Supongo que esta persona ahora mismo se encuentra ante esa situación que todos hemos descrito alguna vez de planificar nuestros últimos días en el caso de que nos marcasen una fecha de caducidad.
No se. Es posible que esté tan angustiado que esta decisión sea la primera que se le ha pasado por la cabeza. O puede que ya haya atado todos los cabos que le pudiesen quedar por cerrar y ya lo único que le queda es su profesión. O simplemente cree que el hockey puede hacer que se evada de la dura realidad que le va a tocar vivir y símplemente deje las cosas correr hasta que la vida dicte sentencia.
En cualquier caso, es terrible pensar que a cualquiera le toque esta macabra lotería.
Particularmente pienso que es peor conocer cuando nos llegará la hora, que vivir con la inconsciencia de desconocer si mañana no veremos amanecer. Aun a riesgo de que podamos estar desperdiciando nuestra vida. Porque con toda seguridad la solución consiste en vivir el momento, pensando que cada día es nuestro último día.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Saber vivir

Ayer encontré el blog de un grupo de chicos, de los cuales uno de ellos es un buen amigo (por cierto, del cual hace tiempo que no tengo noticias) que me dejó… no se cómo expresarlo… entre alegre, preocupado, triste, … no se.
Sin entrar en detalles de los protagonistas ni de sus andanzas, lo que quiero rescatar del hecho es que en demasiadas ocasiones envidio el modo según el cual mucha gente aprovecha cada momento de su vida, disfrutando de tantas cosas que otros muchos no prestamos atención. Quizá porque nuestro día a día nos devora. Quizá porque hemos pasado a otro escalón en nuestra escala de prioridades. O quizá porque no sabemos vivir.
Una playa, una hoguera, unas botellas de Fanta y Coca Cola. Y los amigos de siempre. Una ecuación perfecta con una única solución: la felicidad.
Posiblemente todo el blog de estos chicos se pueda resumir en esta ecuación. Ni dinero, ni viajes, ni compromisos, ni trabajos apasionantes, ni nada que no se pueda conseguir en el supermercado de la esquina. Los envidio profundamente. Yo he de reconocer que si bien tengo un grupo de amigos fenomenal, de los cuales no puedo quejarme, sí me fastidia el que no (por lo menos yo) tenemos ya la flexibilidad que nos permita parar el motor y sentarnos a vivir. Algo que por desgracia no hacemos desde hace tanto tiempo. Es posible que esta edad, traicionera, sea tan sólo una enfermedad que el tiempo cure. Pero temo que ni aun el tiempo sea capaz de bajarnos del vagon al que nos hemos subido hace algunos años, y nos siente a todos juntos, sin más cosas que hacer que mirarnos a los ojos y recordar, una vez más, tantas cosas que hemos disfrutado juntos.
Seguramente sólo entonces podremos sentir que llenamos nuestras vidas con lo que realmente importa.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Triste recuerdo adolescente

Cuando estaba en el colegio, y durante ocho años, tuve un compañero, Vi-----, que con frecuencia recuerdo y sobre el cual tengo una gran curiosidad acerca de qué habrá sido de su vida. Era un chico tímido. Quizá acomplejado, o asustado por algo. Estoy seguro de que no era un chico felíz. No tenía amigos y apenas se relacionaba con nadie. Era de esos chicos que siempre estaba al margen de lo que se movía por la clase. Más temeroso de que se metiesen con él que con interés por hacer amigos. Recuerdo que a medida que pasaban los años, su alejamiento del resto de la clase se le convirtió en una condena.
No acierto a recordar el momento en el que de manera sistemática se le empezó a dar caña. Quinto, sexto, … no se. Lo único que de verdad recuerdo es que en un momento dado, sus compañeros nos convertimos en los peores verdugos que podía encontrarse. Si no era de una manera, era de otra. Pero él siempre terminaba cobrando. O siendo perseguido, insultado, humillado. Y cuidado con que se intentase defender, porque entonces ya había causa justificada para darle más caña todavía. No olvidaré nunca el verle, día tras día, correr por la calle perseguido por veinte o treinta energúmenos como si de una cacería se tratase. El uno, aterrorizado, aunque con cierta resignación al ser ya el pan de cada día. Los otros, ansiosos de llevar cada día un poco más lejos su hombrada. Eso sí, el físico que debió desarrollar Vi----- debía ser de atleta profesional, ya que en esos dos o tres años hizo kilómetros a cholón.
Yo no puedo quitarme de la quema, porque algún día también le corrí. Pero en mi descarga he de decir que nunca lo hice con mala intención. De hecho nunca me llevé mal con él y creo que a mí era a una de las pocas personas a las que se dirigía sin miedo.
También recuerdo que en algún momento, nuestro tutor nos avisó en clase que debíamos dejar de maltratar a nuestro compañero, porque lo estaba pasando mal. Lo que me deja realmente preocupado es que nunca nadie le hizo ni puñetero caso.
Vi----- vivía con su madre (había múltiples rumores sobre su padre, aunque creo que el único válido es que había fallecido), profesora de música o algo así. Una mujer mayor, desactualizada, que creo que nunca supo dar buenos consejos a su único hijo. También recuerdo que su casa era un piso en un bloque antiquísimo, viejo, sucio y feo. Pero Vi----- nunca dio sensación de vivir en la miseria.
Pasado el tiempo, tuve, (hacía años que no sabía de él) más noticias sobre él. Su madre había fallecido, y él sobrevivía vendiendo las antigüedades que heredó de su madre (su casa debía ser un museo de objetos de no mucho valor) en una de estas tiendas de segunda mano. Yque se había casado.
Más adelante, tras verle alguna vez en la calle, volví a tener noticias suyas. Me comentaron que se le habían encontrado en El Corte Inglés, donde le habían contratado de vendedor en la zona de Imagen y Sonido, que estaba a punto de cumplir los seis meses de prueba y que casi seguro que le hacían indefinido. Y que por ello estaba muy contento. Me alegré por él. De hecho, no se si por la curiosidad de volver a verle o por un cierto sentimiento de solidaridad, decidí acerarme a donde trabajaba para, como de manera accidental, saludarle e interesarme por él. Así lo hice, pero no le encontré. De hecho fui varias veces más en diferentes momentos del día y durante varios días, y nunca le ví. Igual no le renovaron.
Ya nunca más supe de él. Este chico fue un ejemplo de persona maltratada. No se hasta que punto su situación familiar afectó a la situación en el colegio. Pero tengo claro que con toda seguridad él no guarda un buen recuerdo de sus años de adolescente. Ahora veo todo lo que se le hizo con distancia. Y con culpabilidad. Porque nunca se mereció lo que le hicimos (me incluyo). Pero los niños son muy crueles. Lo pude comprobar. Solo espero y deseo que, esté donde esté, a Vi----- le vaya todo muy bien en su vida. Porque si alguien se lo merece, es él.

martes, 11 de noviembre de 2008

Qué será de nosotros...

A veces me da por pensar en el futuro. En el futuro… lejano. Dentro de 40 años. ¿Qué será de mi? ¿Cómo será mi vida entonces? ¿Recordaré para entonces estos momentos? La verdad es que la vida es larga. Es cierto que los años se pasan volando, pero aun así, si nos ponemos a recordar cómo éramos o qué hacíamos hace 10 años, por ejemplo, no es fácil recordar muchas cosas. Hoy charlaba con Da---, compañero de trabajo, sobre la vida que llevamos y lo que esperamos para el futuro. Ambos coincidíamos en que no estamos del todo satisfechos con nuestras vidas. Pero claro, también es cierto que, para ser francos, no podemos quejarnos lo más mínimo. Ni por el trabajo, ni por la salud ni por nada. Mucha gente está en mucha peor situación que nosotros. Eso nos hace reflexionar que no debemos quejarnos, porque, aun con nuestras miserias, somos afortunados.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Mis principios en la cocina

La cocina es uno de mis principales hobbies. Es cierto que no practico demasiado, pero me considero un investigador de los fogones. Creo que la cocina es un arte. Y además, de los complejos. A lo largo de mi vida he probado a pintar, tocar algún instrumento, manualidades, etc. Pero sin duda el hobbie que más me llena es cocinar. Transformar un conjunto de alimentos en algo que deleite el paladar de una persona, no tiene precio. Y a mí me encanta hacerlo. Ahora bien, como todo investigador, tengo unas máximas que, supongo que por defecto, dirigen inexorablemente mis pasos cuando me pongo al tema. Y en el contenido de este post, hoy me gustaría indicar algunas de las principales normas que sigo cuando me meto entre pucheros:

1.- La comida ha de gustar. Esto es de perogrullo, pero aún así, no todo el mundo está conmigo. Y es que ¿cuántas veces habéis ido a algún restaurante y os habéis llevado una decepción enorme con lo que os han servido? Bien porque la comida estaba mal hecha, o porque estaba fría, o simplemente porque nunca podría estar buena con los ingredientes elegidos. A mi, particularmente, me fastidia bastante. Más que nada porque creo que cocinar bien es sencillo, y siempre hay que pensar en quien va a comer, no en quien va a cocinar. Porque de nada sirve hacer platos super imaginativos si luego no les gusta a nadie. La comida, ha de satisfacer al comensal.

2. No todo combina con todo. Últimamente se ha puesto de moda el combinar dulces con salados, salados con amargos, amargos con ácidos ácidos con… Hemos llegado a un punto en el que igual te ponen una sandía frita para acompañar un solomillo de ternera que una taza de chocolate con guindilla. Vamos a ver, vamos a ver. Churras con churras y merinas con merinas. Que porque Arguiñano diga A, no todos tenemos que decir también A. Igual se puede decir B. Ejemplo más flagrante: ¿por qué se ha puesto de moda en un montón de sitios el acompañar el queso de cabra con frutas, azucar, miel, etc? ¿Pero es que a alguno no se le ha ocurrido pensar que no casan? Pues no. Como a alguna mente clarividente se le ha puesto entre ceja y ceja que para ser chic hay que decir que el queso de rulo de cabra con miel y uvas está de vicio, pues ale, todo el mundo igual. Y no hay quien se lo coma!!! Yo he probado este plato en concreto (rulo de queso de cabra con miel, pasas, miel y endivias al horno) en un restaurante de muchos galones, y tras la aprobación dubitativa de todos mis compañeros de mesa, he cascado que estaba vomitivo. Quedé como un paleto, lo reconozco. Pero más ancho que largo. Y como esto, tantas otras cosas: cerdo con piña, aves confitadas, cebolla caramelizada, carne con foie, … y tantas otras cosas incombinables que se han incorporado a la gastronomía popular y que han cambiado nuestras bases culinarias de manera dramática. Para mal, claro.

3.- La presentación no es tan importante. Este principio quizá es menos importante que los anteriores. La presentación de un plato ha de ser apetitosa. Ni simétrica, ni impactante, ni singular, ni minimalista, ni nada. Lo que tiene que decir al comensal es: cómeme. Es que últimamente parece que un plato es un lienzo: los colores, las formas, las proporciones… adquieren casi más importancia que el sabor. Menudo error. Un plato que esté para hacerle fotos pero que luego esté incomible, no vale para nada. Lo importante es que cuando el plato se vea, lo que se tiene que pensar es: qué bueno tiene que estar eso! Da igual si unos huevos fritos con patatas y chorizo están bien colocados en el plato, o si un entrecot de ternera no tiene un corte perfecto, o si la cobertura de chocolate de la tarta ha escurrido un poco sobre el plato ocultando el corte de la porción… lo importante realmente es que el comensal diga: me muero por probar eso!

Son tres principios muy básicos y muy lógicos, pero, ¿a cuántos de vosotros no se os han cumplido en más de una ocasión en algún restaurante? Como este es un tema que me apasiona, prometo escribir más post sobre cocina en otras ocasiones. Bon appètit!

viernes, 7 de noviembre de 2008

¿Ha sido Lehman Brothers una víctima del club Bilderberg?

El otro día leía una opinión en un foro, de alguien que, de manera velada dejaba caer que, en la última tormenta financiera que se llevó por delante bancos y aseguradoras, la extraña “no intervención” del gobierno americano sobre Lehman Brothers no había sido una casualidad. Vamos, que lo dejaron caer a posta.
Desde hace mucho tiempo, soy un furibundo investigador del Club Bilderberg. Hay algo en este grupo que me huele mal. Intento leer todo lo que puedo sobre él, por supuesto filtrando las opiniones personales de los comentarios, para quedarme con datos objetivos. Realmente, cuanto más leo sobre ellos, más preocupado me siento.
Entre tantas teorías que pululan alrededor de este selecto club, hay una que defiende una pequeña parte de quien los critica, que quizá es la que más me encaja. En resumen, esta teoría, que, si bien no existe como tal, pero yo sí quiero modelar y establecer, es la de que el objetivo último de este grupo es crear una sociedad económicamente bipolarizada y controlada en tamaño. Esto es: su objetivo de sociedad mundial sería aquella formada por un grupo pequeño de ricos, muy ricos, y otro grupo muy grande de pobres. Los ricos controlarían todo: dinero, industria, recursos, etc. y los pobres se conformarían con vivir como los “esclavos” de los ricos. En el fondo se podría definir como un sistema comunista a nivel mundial en el cual gobiernan un pequeño grupo de superpoderosos y el resto sería una clase obrera que nunca podría escalar al grupo de los ricos. De esta manera, los gobernantes podrían repartirse la riqueza y controlar la vida de sus “esclavos”.
Cuando hace varias semanas se desencadenó la tormenta financiera, uno, con la mosca detrás de la oreja, ya barruntaba que era el momento de buscar la muesca en la bala que enlazase semejante casquetazo económico con el famoso club. Pero entre tanto anuncio de malos resultados, rescates bancarios, inyecciones de liquidez, etc. parecía imposible encontrar algo que sonase raro. Pero ete aquí que derrepente, se anuncia que a Lehman Brothers, el Bank of America le dice que nones y que no sale a su rescate. ¿Por qué no? ¿Por qué se rescata a Bearn Sterns, Fannie Mae, Freddie Mac, Merril Lynch y no a Lehman Br.? Sin entrar en datos de facturación y demás, después de mucho investigar, veo que el no rescate de esta entidad es un golpe muy sibilino a un montón de inversores medianos y pequeños que tenían confiados muchos de sus ahorros de toda la vida en productos seguros: bonos. Pongámonos en el pellejo de un gobernante honesto y cabal: “hombre, si no rescatamos a una entidad como L. B., el impacto, además de a los accionistas, iría directamente a la zona de flotación de … la clase media”. Ahí está el anzuelo. Bancos como L. B. son las huchas de millones de personas de todo el mundo que si hay una cosa que temen es a perder su dinero, pero, fundamentalmente, porque no tienen mucho. Los ricos diversifican, y es imposible que el mayor crash bursatil jamás visto les mande a la indigencia. Pero al pequeño ahorrador, si se le da un golpe se le deja muy tocado. Y esto lo sabían. Por supuesto que lo sabían. Pero, ¿por qué no hicieron nada?
Bajo mi punto de vista, no se hizo nada porque quien podía hacerlo decidió que era mejor dejarle hundirse. Por intereses propios, gubernamentales, de poderes fácticos o de quien fuere.
Y aquí es donde enlazo con el club Bilderberg. Obviamente, el tipo de sociedad que este grupo persigue es complicado establecer de la noche a la mañana. Quien más quien menos hoy día tiene un patrimonio y más o menos riqueza que le permite situarse en la pirámide de la sociedad con más o menos holgura. Sin embargo, este tipo de golpes, con seguridad hacen a muchas personas bajarse uno o varios escalones en la pirámide. Un disparo silencioso. Muchos heridos. Porque, si una cosa ha quedado clara, es que a la gente de este club con toda seguridad este bombazo no les ha levantado ni las perneras de los pantalones.
¿Y por qué esta gente se querría dedicar a establecer este esquema social? ¿Por diversión? No. Por necesidad. Por la necesidad de querer mantener su estatus socioeconómico más allá de los devaneos del mundo. Desde hace ya unos cuantos años se realizan estudios que tratan de calcular cuánto tiempo le queda al mundo antes de colapsarse, es decir, de no disponer de los recursos suficientes como para autoabastecerse: recursos energéticos, alimenticios, sanitarios, etc. El desproporcionado crecimiento de continentes como África o Asia van generando flujos migratorios formados por personas que, antes de ver morir de hambre a sus familias, emigran a otros lugares aun a riesgo de morir de hambre, de frío, ahogados en el mar, etc. Pero en muchos casos su huida no es más que una ralentización de la agonía, porque a donde van no les pueden ofrecer mucho más de lo que ya tienen, y además su desesperación les convierte en torrentes metastásicos capaces de trasladar sus problemas a otros países y continentes. Los desbordados servicios sociales de multitud de países del sur de Europa ya está al límite de sus posibilidades pero aún así cada vez reciben más personas que llegan de otros lugares donde ni siquiera saben lo que es la solidaridad. Y esto, obviamente, a medio plazo amenaza con desestabilizar el orden social de Occidente (y por ende, la situación de privilegio socioeconómico de este grupo de poderosos), el cual no cuenta con recursos ilimitados para mantener a todo el planeta. Pues bien, este desorden ya hace tiempo que lo vienen estudiando desde este club, y está manos a la obra para tratar de controlarlo.
Y las líneas de actuación se reducen principalmente a dos: ahogar a la clase media occidental hasta que se convierta en clase baja, lo cual reduciría drásticamente el consumo, y limitación de la población mundial, siendo los países en vías de desarrollo su objetivo. La primera vía tiene como objetivo adaptar los recursos demandados por el cada vez más pujante consumo de las clases medias a la producción sostenible, y la segunda conseguir que no se desborde la población mundial, lo cual en el fondo se traduciría en una excesiva demanda de recursos.
Para conseguir el primer objetivo, las crisis económicas, las recesiones, las altas tasas de paro, las quiebras de empresas, etc. son el medio normal de actuación. Para el segundo, es más complicado anticipar qué medidas se pueden tomar, pero da miedo pensar en cualquiera de ellas.
Sé que son relaciones arriesgadas y aparentemente novelescas, pero para quien haya leído este post, le invito a que desde este momento, indague la prensa económica los próximos años sin borrar de su mente lo antes expuesto. Puede que entre líneas descubra una realidad mucho más compleja de lo que los medios cuentan.